Portada del artículo sobre concepto de programa, proyecto y portafolio de proyectos, Semana 1 · Tema 1.1

Programas y Portafolios de Proyectos · Serie 13 · Semana 1 · Tema 1.1

Tres palabras que se usan como sinónimos en las reuniones y significan cosas distintas: proyecto, programa y portafolio. La confusión parece inofensiva hasta que alguien pide, en la misma frase, que un proyecto «genere beneficios estratégicos», que es como pedirle a un ladrillo que sea una casa.

Vale la pena ordenarlas, porque cada una responde a una pregunta diferente y se dirige con criterios diferentes.

Y tiene consecuencias prácticas sobre cómo se ejecuta una estrategia, porque cada nivel responde de una cosa distinta.

Las tres definiciones, sin rodeos

Proyecto. Un esfuerzo temporal para crear un producto, servicio o resultado único. Tiene principio y fin, y se juzga por si entregó lo prometido dentro de sus restricciones. La dirección de proyectos se centra en entregar eficientemente los productos requeridos.

Programa. Un grupo de proyectos, subprogramas y actividades relacionados, gestionados de forma coordinada para obtener beneficios que no se conseguirían gestionándolos por separado. Esa última parte es la definición entera; lo demás es consecuencia.

Portafolio. El conjunto de proyectos, programas, subportafolios y operaciones que se gestionan juntos para alcanzar objetivos estratégicos. El portafolio no ejecuta: elige. Decide qué se hace y qué no, y con qué recursos.

Una aclaración que ahorra discusiones: un programa no es un proyecto grande. Los componentes de un programa están relacionados entre sí, y esa relación —no el tamaño— es lo que lo define. Un proyecto de mil millones sigue siendo un proyecto si no coordina otros.

La pregunta que distingue a cada nivel

Si hay que quedarse con una sola cosa, que sea esta:

NivelPregunta que respondeFracasa cuando…
Proyecto¿Estamos entregando esto bien?Se entrega tarde, caro o incompleto
Programa¿Estas entregas juntas producen el beneficio?Todos los proyectos cumplen y el beneficio no aparece
Portafolio¿Estamos haciendo las cosas correctas?Todo sale bien y la organización no avanza

Ese tercer modo de fracaso es el más caro y el que menos se discute: una organización puede tener una tasa de éxito de proyectos excelente y estar ejecutando impecablemente la cartera equivocada.

Un ejemplo concreto

Una empresa decide que quiere reducir a la mitad el tiempo que tarda en atender a un cliente nuevo.

  • Portafolio: entre las quince iniciativas posibles, la dirección decide que esta y otras dos son las que reciben presupuesto este año. Las otras doce esperan. Esa decisión —qué no se hace— es gestión de portafolio.
  • Programa: el objetivo requiere cambiar el sistema de registro, rediseñar el proceso de alta, capacitar a sesenta personas y renegociar con dos proveedores. Cuatro proyectos que solo producen el beneficio si ocurren en el orden correcto.
  • Proyectos: cada uno tiene su director, su presupuesto, su cronograma y su definición de terminado.

Ahora, lo interesante: los cuatro proyectos pueden cumplir al cien por cien y el tiempo de atención no bajar. Si el sistema nuevo entró antes de que la gente estuviera capacitada, durante tres meses se trabaja peor que antes. Si el proceso se rediseñó pero el proveedor sigue tardando doce días, el cuello de botella no se movió.

Detectar eso es trabajo del director de programa, y nadie más lo va a hacer. El director de proyecto está mirando su cronograma, y tiene razón en mirarlo.

Por qué los ciclos de vida no coinciden

Los portafolios, programas y proyectos tienen ciclos de vida, actividades, objetivos y beneficios distintos. Sin embargo, a menudo intervienen las mismas personas, y con frecuencia necesitan los mismos recursos, lo que genera conflictos.

Esa frase describe la tensión más común en organizaciones con muchos proyectos. Tres síntomas típicos:

  • El especialista compartido. La misma persona está asignada al 40% en cuatro proyectos. En el papel suma 160%. En la práctica, los cuatro van lentos y nadie sabe por qué.
  • El horizonte desalineado. El portafolio se revisa una vez al año; el proyecto necesita una decisión en dos semanas. Se decide fuera de proceso, y el proceso se vuelve decorativo.
  • El beneficio sin dueño. El proyecto termina y se cierra. El beneficio se materializa —si se materializa— seis meses después, cuando ya no hay nadie a cargo de comprobarlo.

Ese último punto merece un artículo propio, pero conviene adelantar la idea: el proyecto entrega una capacidad; el beneficio lo produce la organización al usarla. Cerrar el proyecto no es cobrar el beneficio.

Gobernanza: para qué se agrupan los componentes

Los componentes de un portafolio se agrupan precisamente para facilitar la gobernanza. La priorización se basa en el riesgo, el financiamiento necesario y otras consideraciones, y la visión a nivel portafolio permite reflejar los objetivos estratégicos en todos sus componentes, asignando recursos humanos, financieros y físicos en función del rendimiento esperado.

Traducido a la práctica: la gestión de portafolio existe para poder decir que no con criterio. Una organización sin portafolio también dice que no, pero lo dice por agotamiento —cuando ya no queda gente— en vez de por decisión.

Quién hace qué

  • Gerente de portafolio: asegura que los programas y proyectos se seleccionen, prioricen y doten de recursos según el plan estratégico.
  • Gerente de programa: genera beneficios organizacionales mediante la gestión coordinada de sus componentes.
  • Gerente de proyecto: genera los productos y resultados específicos.

Los tres roles a menudo recaen en la misma persona en organizaciones pequeñas. Eso no es un problema, siempre que la persona sepa con qué sombrero está en cada reunión. El problema aparece cuando lleva el sombrero de proyecto a una decisión de portafolio y defiende su iniciativa en vez de evaluarla.

Cómo saber qué tienes entre manos

  • ¿Lo que voy a entregar produce valor por sí solo, o solo si otra cosa ocurre también? Si es lo segundo, formas parte de un programa, tenga nombre o no.
  • ¿Alguien está midiendo el beneficio conjunto, o cada quien mide su parte?
  • ¿Hay una lista priorizada de iniciativas, o la prioridad la define quien grita más fuerte?
  • ¿Existe un momento del año en el que se decide formalmente qué no se hace?
  • Cuando dos proyectos necesitan a la misma persona, ¿quién decide y con qué criterio?

Caso práctico: cuando «programa» quería decir «proyecto grande»

Escenario construido con patrones habituales; las cifras son ilustrativas.

Una organización arranca lo que llama el «Programa de Transformación Digital». Tiene un director de programa, un comité y un presupuesto de tres años.

Mirado por dentro, era un proyecto: un alcance definido, un entregable —una plataforma— y una fecha. Se le llamó programa porque era grande y porque esa palabra facilitaba la aprobación en el consejo.

La confusión no fue inofensiva. Produjo tres efectos concretos:

  • Se le pidió al director de programa que respondiera de beneficios de negocio —adopción, ahorro, satisfacción— sobre los que no tenía ninguna palanca, porque su encargo era entregar una plataforma.
  • Se montó una estructura de gobernanza de tres niveles para coordinar componentes que no existían: solo había uno.
  • Cuando la plataforma se entregó a tiempo, nadie pudo decir si el programa había terminado, porque los beneficios no estaban definidos ni medidos.

Dos años después seguía abierto en los informes, sin trabajo pendiente.

Llamar programa a un proyecto no lo convierte en uno. Lo que hace es cargarle una pregunta que no puede contestar: ¿qué beneficio produjo el conjunto?

Y al revés es igual de caro: tratar como proyecto lo que sí es un programa deja sin dueño la parte donde se produce el valor, que es la que ocurre después de la última entrega.

Checklist

  • Lo que llamas programa, ¿tiene más de un componente de verdad?
  • ¿Puedes nombrar el beneficio que produce el conjunto, y quién lo mide?
  • ¿Ese beneficio se medirá después de la última entrega? ¿Quién estará ahí?
  • Si es un portafolio, ¿existe el momento formal de decidir qué no se hace?
  • ¿A quién le estás pidiendo que responda de algo sobre lo que no tiene palanca?
  • ¿Sabrías decir hoy cuándo termina cada uno de los tres niveles?

Para cerrar

Las tres palabras no son una jerarquía de importancia ni una escala de tamaño: son tres preguntas distintas que alguien tiene que estar haciendo. En muchas organizaciones, dos de las tres no las hace nadie, y eso no se nota en los informes de proyecto, que siguen saliendo en verde.

Te leo en los comentarios: ¿existe un momento formal de decidir qué iniciativas no se hacen este año, o todo entra y se compite después por recursos?

Referencias

  • Project Management Institute, Guía del PMBOK, 6.ª y 7.ª edición.
  • Project Management Institute, The Standard for Program Management y The Standard for Portfolio Management.
  • ISO 21502:2020, directrices para la dirección y gestión de proyectos.
  • Cooper, R., Edgett, S. y Kleinschmidt, E., Portfolio Management for New Products, sobre criterios de selección y priorización.

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